El coste de perder un empleado es más elevado de lo que imaginas (y también es evitable)

Ya alguna vez he explicado que no me gusta nada la expresión “recursos humanos”. Como sabéis los que me conocéis, prefiero pensar simplemente en personas, que es al fin y al cabo lo que somos todos, ocupemos el espacio que ocupemos dentro de una organización. Sin embargo, no podemos negar que la fuerza de trabajo, los empleados, son el recurso más importante de cualquier empresa. Y, aun así, muchas empresas no son plenamente conscientes de lo que conlleva perder un empleado. Hoy vamos a reflexionar sobre los costes, más o menos ocultos, de esta situación, y qué podemos hacer para evitarla.

La competitividad de una empresa depende del factor humano

En el momento actual, de gran desarrollo tecnológico accesible a costes cada vez más bajos, el verdadero elemento diferenciador de una empresa es el talento con el que cuenta entre sus filas. Este talento es el que definirá su capacidad para innovar y buscar soluciones a problemas de manera creativa y disruptiva, y hará posible que se ocupen esos deseados océanos azules de los que hablábamos hace unos meses.

Pero muchas empresas, aun siendo conscientes de que su ventaja competitiva depende de los perfiles profesionales que sean capaces de atraer y, de manera clave, retener, no han dado aún el paso de reflexionar de manera crítica sobre qué costes les supone, a todos los niveles, perder un empleado.

Cuando un empleado se marcha perdemos mucho más

Cuando un empleado abandona voluntariamente una empresa, esta se enfrenta a una serie de pérdidas que no siempre son evidentes a simple vista y muchas compañías no llegan a cuantificar nunca. Si viéramos traducidos a cifras los múltiples costes de perder un empleado no desperdiciaríamos ni un minuto en tomar acción para prevenirlos. Cuando un empleado se marcha…

… perdemos todo el tiempo y esfuerzo invertidos en el proceso de selección e incorporación de la persona que se marcha.

… perdemos todo el tiempo y recursos que se habían invertido en su formación y capacitación.

… perdemos tiempo y recursos en la búsqueda, selección e incorporación de un nuevo trabajador.

… perdemos productividad, ya que la persona que se incorpore en el puesto de la que se ha marchado va a tardar un tiempo en producir al mismo nivel que aquella a quien sustituye.

… perdemos (o nos arriesgamos a perder) los clientes con los que este empleado trabajaba directamente, y con los que había establecido una relación emocional que puede hacer difícil el cambio a otra persona de referencia. Por no mencionar que, si la relación era realmente intensa, es posible que el cliente se marche con el empleado a la nueva empresa de este.

… perdemos reputación como empleador y con ella la capacidad de atraer talento: una empresa en la que los empleados cambian con mucha frecuencia no es atractiva y difícilmente atraerá profesionales con un proyecto de carrera sólido. Así, las puertas giratorias se van acelerando según aumenta la desmotivación en la plantilla.

… perdemos satisfacción en el resto de los empleados: cuando un trabajador se marcha, las responsabilidades y carga de trabajo del resto del equipo aumentan, y la incertidumbre sobre cuándo se remediará esta situación empeora el estado de ánimo general, lo cual también afecta a la productividad. Otro impulso más a las puertas giratorias.

¿Los empleados dejan un trabajo simplemente por un salario mayor?

Ya sabemos lo que nos cuesta la marcha de un empleado (y sí, es suficiente como para tomarse el tema muy seriamente). Ahora toca preocuparnos por entender qué es lo que les impulsa a tomar la decisión de abandonar voluntariamente una empresa. Lo primero que viene a la cabeza es: por dinero. Otra empresa les ofrece un salario más elevado por realizar un trabajo similar, y esta diferencia es suficiente para saltar de un barco a otro sin pensarlo mucho más. (Abro aquí un paréntesis para apuntar que los motivos pueden ser muy variados, y toca hacer un examen honesto para detectar cualquier aspecto problemático en la cultura de la empresa que pueda estar empujando a los empleados hacia la puerta. Este tema da para mucho y lo trataremos en otro momento).

Pues bien, no es tan sencillo. Evidentemente el dinero importa. Todos trabajamos por dinero, o, lo que es lo mismo, por la capacidad de poder emplear ese dinero para mejorar nuestra vida y la de nuestros seres queridos. Pero el dinero no lo es todo, y existen otros factores, también decisivos, que conviene tener en cuenta. Hablamos de lo que se ha convenido en llamar “salario emocional”. Este engloba aspectos como:

  • Oportunidades de formación y promoción
  • Reconocimiento del trabajo realizado
  • Fomento del sentimiento de pertenencia
  • Comunicación eficaz
  • Flexibilidad y facilidades para la conciliación

Las personas nos quedamos donde nos sentimos queridas (y cuidadas)

Los empleados, aunque a veces nos refiramos a ellos con ese nombre tan feo de “recursos”, son, en primer lugar, personas. Y las personas se quedan allí donde se sienten queridas, cuidadas, donde sienten que importan y que su contribución es apreciada y reconocida. Donde sienten que forman parte de una cultura que contribuye a mejorar la vida de las personas. Y donde se les pone fácil y se les apoya en la tarea de cuidar de los suyos en cualquier circunstancia.

El dinero puede llegar a competir con todo esto, tal vez, pero será muy difícil que pese más en la balanza. Las empresas que lo entienden están dando pasos eficaces para evitar las consecuencias negativas de la marcha de sus empleados haciendo lo que más sentido tiene, a todos los niveles: cuidando de ellos.

Desde Alares trabajamos para ayudar a las empresas a atraer y fidelizar emocionalmente a sus empleados y clientes. Hoy nos hemos centrado en los empleados, pero si quieres conocer también los costes de perder un cliente y cómo evitarlos puedes encontrarla en este post publicado hace unas semanas.

En mi libro ¡Quédate conmigo! 20 claves para enamorar a tus clientes… ¡y que se queden contigo! he querido compartir las experiencias vitales y profesionales de varias décadas que me han ayudado a definir las claves para atraer y fidelizar empleados y clientes con éxito. Hoy todos tenéis la oportunidad para ponerlo en práctica, nunca ha sido mejor momento. Un libro solidario que puedes adquirir en este enlace.

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