Esta vez, el fuego: Arde España

Las escenas que se han visto por televisión son devastadoras. Las llamas han ido arrasando todo lo que encontraban a su paso. Y esta vez me ha tocado de cerca: la sierra de la Culebra, en la provincia de Zamora, cerca de mi pueblo natal. 

La ola de calor que asola España desde hace una semana ha contribuido al desencadenamiento de virulentos incendios forestales a lo largo y ancho de su geografía. En estos momentos la situación en muy preocupante en Zamora y Navarra, además de en Cataluña y Aragón, con varios frentes activos.

El incendio de la Sierra de la Culebra (Zamora) según los últimos datos oficiales de la Junta de Castilla y León, se extendió al valle del Tera y calcinó unas 30.000 hectáreas, traspasando los límites de la reserva de caza. El fuego cruzó la carretera Nacional 631 y la vía del AVE, por lo que se vio afectada la circulación de todos los trenes que circulaban entre Madrid y Galicia en ambos sentidos. Este incendio ha superado al incendio de Navalacruz (Ávila) del pasado año y que, hasta el momento, era el más virulento de la historia en la Comunidad.

El descontrol fue provocando reacciones políticas a lo largo de las horas inmediatas al incendio. El presidente de la Diputación de Zamora, Francisco José Requejo, dijo en su cuenta de Twitter: «Junta, faltan efectivos. Haced algo de una vez, se nos quema la provincia».

A su vez, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, transmitió esa noche al presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, la ayuda del Ejecutivo nacional para luchar contra el incendio.

«He hablado con el presidente Fernández Mañueco y le he transmitido que el Gobierno de España va a seguir ayudando a Castilla y León con todos los medios a nuestra disposición para combatir el terrible incendio de la Sierra de la Culebra, Zamora», comunicó Sánchez en Twitter.

Todo un desconcierto, un descontrol y, sobre todo, una falta de previsión que no tiene calificativo posible, ya que despropósito queda muy corto. 

Faltan políticas que tengan en cuenta la prevención de los incendios en nuestro país. Faltan políticas realistas que tengan en cuenta el cambio climático ya que se nos muere el planeta. Y existen soluciones, esto es lo que más indigna, que, existiendo soluciones, no se esté a la altura de aplicarlas.

También se conocen las soluciones para responder a este aumento del riesgo de incendio, anunciado en los años 80: es necesario desarrollar prioritariamente una política de prevención, es decir, defender los bosques contra los incendios para cada macizo forestal. Es lo que se conoce como defensa de los bosques contra el fuego.

Sin eliminar los riesgos (no existe el riesgo cero), esta política de prevención tiene el efecto de limitar y controlar su impacto y, en consecuencia, hacer más eficaz la intervención de los bomberos. Sin embargo, es necesario decidir su aplicación y financiación.

Todos los servicios ecosistémicos que proporcionan los bosques, las funciones económicas, medioambientales y sociales que desempeñan, deberían justificar fácilmente esta financiación, aunque solo sea por el almacenamiento de carbono, como regulador del clima.

Proteger los bosques contra los riesgos es una necesidad vital para el planeta y, por tanto, para todos nosotros; además, es una inversión rentable desde el punto de vista medioambiental, económico y social.

Si hay 20.000 bomberos y 5.500 agentes forestales en España, pero luego faltan medios, organización y planificación de su trabajo, significa que todos los responsables, tanto políticos (por la falta de reformas) como administrativos (por la incapacidad manifiesta que provoca daños incalculables, tanto económicos como medioambientales), no pueden estar en esos cargos públicos. Por lo tanto, la responsabilidad debe ser identificada por aclamación popular no en las filas de los políticos, sino también en las de la burocracia. En el mundo civilizado, estos costosos fracasos son una gigantesca responsabilidad política, por la que los ciudadanos deben exigir responsabilidades. La política y la burocracia deberían pagar por este desastre.

Si hay una industria que no funciona, si hay objetivos que no se cumplen o ineficiencias evidentes para el empresario, es decir, el ciudadano, el responsable debe pagar. En Irlanda, no en Marte, un ministro, un senador y el comisario europeo de Comercio (un papel muy importante) tuvieron que dimitir por la presión popular, no por robar o ser corruptos, sino por asistir a una cena con 80 personas en un club de golf, violando las normas anticorrupción que deben respetar los ciudadanos. 

Cuando pienso que hay que desplegar recursos en planes gigantescos de prevención, protección y seguridad del territorio, empleando a cientos de miles de ciudadanos, estamos hablando de cosas concretas que pueden ayudar al país a cambiar de ritmo y a construir una conciencia colectiva, para que el ciudadano individual se convierta en el guardián de su territorio, algo que siempre ha faltado en nuestro país. Una ciudadanía atenta, exigente e intransigente produce una clase política y burocrática (que es el verdadero poder que dirige las cosas, pero que elude totalmente el escrutinio y la opinión pública) eficiente y responsable. Una ciudadanía que piensa en su propio jardincito y le importa un bledo lo que es público y colectivo produce la clase dirigente que tenemos. 

Sin embargo, la «guerra contra el fuego» ofrece un espectáculo completamente diferente, mucho más televisado, con sus soldados de fuego, sus combatientes en tierra, en el aire y sus víctimas, y por tanto más mediático políticamente… mientras que la prevención significa ganar sin batalla y es mucho más discreto.

Camino de Santiago

Hace años que me había planteado hacer el Camino de Santiago con los amigos, pero hacerlo en bicicleta porque, tras mi grave accidente de coche en el año 1997, mis piernas no quedaron en las mejores condiciones para ello, y, además, siempre me ha gustado este deporte. Hoy creo que estoy en el mejor momento para hacerlo, recorrerlo y meditarlo.

El camino de Santiago lo veo yo como un camino de autoconocimiento. Esta es una de las razones por las que emprendo el Camino de Santiago, porque cada uno de nosotros se enfrenta a periodos, a nuevas etapas en su vida, en los que se hace un sinfín de preguntas que no siempre son fáciles de responder. 

Emprender un camino de escucha y autoaceptación, aunque sea largo y emocionalmente intenso, puede ser el primer paso para encontrarse con uno mismo. Y esto es lo que ofrece el Camino de Santiago: un alejamiento temporal del entorno habitual, la posibilidad de dedicarte a ti mismo un periodo de introspección que puede ayudarte a reflexionar sobre lo que está pasando y a aclarar las emociones que se sienten. 

De hecho, lo que he vivido del Camino, es que está impregnado de una atmósfera que induce a la meditación y al recogimiento. Además, los largos tramos de «soledad», aunque bien acompañado de grandes amigos, son ciertamente ideales para ahondar en el alma y planificar un nuevo comienzo. Un nuevo comienzo con el partido político que me he empeñado en lanzar como alternativa política en España, Futuro. Un partido donde la Persona, con mayúsculas, está en el centro de todas las acciones a desarrollar, donde la creencia en el valor y respeto a la diversidad humana en el sentido más amplio es la clave de nuestro desarrollo y felicidad.

A lo largo del Camino tengo la oportunidad de hablar con mis compañeros, con diferentes puntos de vista y experiencias, y esta confrontación me abre nuevas puertas y me da nuevas formas de afrontar mis preocupaciones. 

A veces, sin darnos cuenta, nos quedamos atrapados en un problema sin encontrar soluciones, cuando hubiera bastado con mirarlo desde otra perspectiva. El diálogo es una parte integral de la experiencia del Camino y, al alternarlo con momentos de soledad, me permite completar el viaje interior que sentía que necesitabas y que me ha impulsado a emprender esta aventura. 

Y dejo fluir los pensamientos. Son pensamientos que van y vienen, sencillos, sin demasiada intensidad, ni persistencia. Los dejo ir, no permito que me alteren el camino iniciado en Roncesvalles y hasta León, casi 600 Kms, en esta primera temporada. Me concentro en el paisaje, dejo mi memoria, en paz. Tengo el corazón tranquilo. Y continúo. 

Este es un camino de crecimiento, como un niño que es acompañado por brazos amorosos hacia un destino que lo hará convertirse en adulto. Y es lo que estoy haciendo estos días pensando en #Futuro, el partido político que he fundado y con el que me he comprometido en lanzar para conseguir una sociedad y una España mejor, en paz y de prosperidad. Meditar, reflexionar, madurar. Inimitable es el ambiente de altruismo y convivencia pacífica, las sonrisas, las lágrimas, la tenacidad, y la realización de lo bueno de la humanidad.

Y entre toda esa humanidad, me he sentido acompañado por amigos de toda la vida. Algunos, integrantes deFuturo, como Pedro Sanz, otros amigos de varias décadas, como Alfredo Martínez. Me había comprometido a hacerlo con amigos del alma, de esos que te esperan si tienes dificultades; de los que les duelen mis caídas. 

Ha sido una travesía difícil para alguien como yo que no practica el ciclismo de montaña profesionalmente y, sin embargo, disfruta de la bicicleta. Más de 70 kilómetros diarios comenzando en Navarra y con paradas en Logroño, Puente de la Reina, Santo Domingo de la Calzada, Burgos…

Este es un país increíblemente bello. Cuánto sirve aprender a respirar, a pararse, a acelerar, a disfrutar del camino. Es una lección también válida para el proyecto de #Futuro. Todos los nuevos caminos son un reto. Lo peor fueron las bajadas. Algunas son tan pindias y escabrosas, que me ha tocó bajar y cargar con la bicicletao empujarla cuesta arriba por terrenos imposibles de pedalear. Pesa. Comparto con vosotros también este camino interior, para cargarme de energía, para seguir adelante. Para construir es clave este impulso. 

En mitad de tantas dificultades, encontré este respiro interior, pedaleando sin parar, me pregunté de dónde vengo y adónde voy. Es la pregunta eterna, la de siempre. Todos los caminos cuestan, pero acompañado, resulta más ameno, llevadero, inolvidable. Estoy hecho para compartir, para disfrutar en compañía. 

Una de las lecciones que estoy aprendí en el Camino de Santiago es la de contentarse con lo que se tiene: rápidamente te das cuenta de que todo lo que necesitas está contenido en una mochila y que muchos de los adornos de la vida cotidiana son superfluos. Tantas cargas que uno lleva en el corazón, tantos objetos, rituales y tradiciones que uno considera fundamentales, serán de repente inútiles y podrán dejarse de lado.

Otras de las cosas que voy aprendiendo es que pedalear te desconecta de las cosas superficiales, te enseña el desprendimiento. Solo tienes una bicicleta de la que preocuparte, esa es la verdadera libertad. Estás en el aquí y ahora. Y luego con los otros peregrinos se llega rápidamente a lo básico.  Las conversaciones son intensas, independientemente de la religión, el estatus social o la nacionalidad.  Vas más allá de las apariencias, todos nos volvemos iguales en el Camino de Santiago.

Y tengo la certeza de que el viaje no terminará una vez que llegue a mi destino final en la ciudad del Santo: el Camino es solamente el comienzo de mi viaje y una nueva etapa comenzará cuando regrese a casa.

Os seguiré contando…