Esta vez, el fuego: Arde España

Las escenas que se han visto por televisión son devastadoras. Las llamas han ido arrasando todo lo que encontraban a su paso. Y esta vez me ha tocado de cerca: la sierra de la Culebra, en la provincia de Zamora, cerca de mi pueblo natal. 

La ola de calor que asola España desde hace una semana ha contribuido al desencadenamiento de virulentos incendios forestales a lo largo y ancho de su geografía. En estos momentos la situación en muy preocupante en Zamora y Navarra, además de en Cataluña y Aragón, con varios frentes activos.

El incendio de la Sierra de la Culebra (Zamora) según los últimos datos oficiales de la Junta de Castilla y León, se extendió al valle del Tera y calcinó unas 30.000 hectáreas, traspasando los límites de la reserva de caza. El fuego cruzó la carretera Nacional 631 y la vía del AVE, por lo que se vio afectada la circulación de todos los trenes que circulaban entre Madrid y Galicia en ambos sentidos. Este incendio ha superado al incendio de Navalacruz (Ávila) del pasado año y que, hasta el momento, era el más virulento de la historia en la Comunidad.

El descontrol fue provocando reacciones políticas a lo largo de las horas inmediatas al incendio. El presidente de la Diputación de Zamora, Francisco José Requejo, dijo en su cuenta de Twitter: «Junta, faltan efectivos. Haced algo de una vez, se nos quema la provincia».

A su vez, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, transmitió esa noche al presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, la ayuda del Ejecutivo nacional para luchar contra el incendio.

«He hablado con el presidente Fernández Mañueco y le he transmitido que el Gobierno de España va a seguir ayudando a Castilla y León con todos los medios a nuestra disposición para combatir el terrible incendio de la Sierra de la Culebra, Zamora», comunicó Sánchez en Twitter.

Todo un desconcierto, un descontrol y, sobre todo, una falta de previsión que no tiene calificativo posible, ya que despropósito queda muy corto. 

Faltan políticas que tengan en cuenta la prevención de los incendios en nuestro país. Faltan políticas realistas que tengan en cuenta el cambio climático ya que se nos muere el planeta. Y existen soluciones, esto es lo que más indigna, que, existiendo soluciones, no se esté a la altura de aplicarlas.

También se conocen las soluciones para responder a este aumento del riesgo de incendio, anunciado en los años 80: es necesario desarrollar prioritariamente una política de prevención, es decir, defender los bosques contra los incendios para cada macizo forestal. Es lo que se conoce como defensa de los bosques contra el fuego.

Sin eliminar los riesgos (no existe el riesgo cero), esta política de prevención tiene el efecto de limitar y controlar su impacto y, en consecuencia, hacer más eficaz la intervención de los bomberos. Sin embargo, es necesario decidir su aplicación y financiación.

Todos los servicios ecosistémicos que proporcionan los bosques, las funciones económicas, medioambientales y sociales que desempeñan, deberían justificar fácilmente esta financiación, aunque solo sea por el almacenamiento de carbono, como regulador del clima.

Proteger los bosques contra los riesgos es una necesidad vital para el planeta y, por tanto, para todos nosotros; además, es una inversión rentable desde el punto de vista medioambiental, económico y social.

Si hay 20.000 bomberos y 5.500 agentes forestales en España, pero luego faltan medios, organización y planificación de su trabajo, significa que todos los responsables, tanto políticos (por la falta de reformas) como administrativos (por la incapacidad manifiesta que provoca daños incalculables, tanto económicos como medioambientales), no pueden estar en esos cargos públicos. Por lo tanto, la responsabilidad debe ser identificada por aclamación popular no en las filas de los políticos, sino también en las de la burocracia. En el mundo civilizado, estos costosos fracasos son una gigantesca responsabilidad política, por la que los ciudadanos deben exigir responsabilidades. La política y la burocracia deberían pagar por este desastre.

Si hay una industria que no funciona, si hay objetivos que no se cumplen o ineficiencias evidentes para el empresario, es decir, el ciudadano, el responsable debe pagar. En Irlanda, no en Marte, un ministro, un senador y el comisario europeo de Comercio (un papel muy importante) tuvieron que dimitir por la presión popular, no por robar o ser corruptos, sino por asistir a una cena con 80 personas en un club de golf, violando las normas anticorrupción que deben respetar los ciudadanos. 

Cuando pienso que hay que desplegar recursos en planes gigantescos de prevención, protección y seguridad del territorio, empleando a cientos de miles de ciudadanos, estamos hablando de cosas concretas que pueden ayudar al país a cambiar de ritmo y a construir una conciencia colectiva, para que el ciudadano individual se convierta en el guardián de su territorio, algo que siempre ha faltado en nuestro país. Una ciudadanía atenta, exigente e intransigente produce una clase política y burocrática (que es el verdadero poder que dirige las cosas, pero que elude totalmente el escrutinio y la opinión pública) eficiente y responsable. Una ciudadanía que piensa en su propio jardincito y le importa un bledo lo que es público y colectivo produce la clase dirigente que tenemos. 

Sin embargo, la «guerra contra el fuego» ofrece un espectáculo completamente diferente, mucho más televisado, con sus soldados de fuego, sus combatientes en tierra, en el aire y sus víctimas, y por tanto más mediático políticamente… mientras que la prevención significa ganar sin batalla y es mucho más discreto.

Camino de Santiago

Hace años que me había planteado hacer el Camino de Santiago con los amigos, pero hacerlo en bicicleta porque, tras mi grave accidente de coche en el año 1997, mis piernas no quedaron en las mejores condiciones para ello, y, además, siempre me ha gustado este deporte. Hoy creo que estoy en el mejor momento para hacerlo, recorrerlo y meditarlo.

El camino de Santiago lo veo yo como un camino de autoconocimiento. Esta es una de las razones por las que emprendo el Camino de Santiago, porque cada uno de nosotros se enfrenta a periodos, a nuevas etapas en su vida, en los que se hace un sinfín de preguntas que no siempre son fáciles de responder. 

Emprender un camino de escucha y autoaceptación, aunque sea largo y emocionalmente intenso, puede ser el primer paso para encontrarse con uno mismo. Y esto es lo que ofrece el Camino de Santiago: un alejamiento temporal del entorno habitual, la posibilidad de dedicarte a ti mismo un periodo de introspección que puede ayudarte a reflexionar sobre lo que está pasando y a aclarar las emociones que se sienten. 

De hecho, lo que he vivido del Camino, es que está impregnado de una atmósfera que induce a la meditación y al recogimiento. Además, los largos tramos de «soledad», aunque bien acompañado de grandes amigos, son ciertamente ideales para ahondar en el alma y planificar un nuevo comienzo. Un nuevo comienzo con el partido político que me he empeñado en lanzar como alternativa política en España, Futuro. Un partido donde la Persona, con mayúsculas, está en el centro de todas las acciones a desarrollar, donde la creencia en el valor y respeto a la diversidad humana en el sentido más amplio es la clave de nuestro desarrollo y felicidad.

A lo largo del Camino tengo la oportunidad de hablar con mis compañeros, con diferentes puntos de vista y experiencias, y esta confrontación me abre nuevas puertas y me da nuevas formas de afrontar mis preocupaciones. 

A veces, sin darnos cuenta, nos quedamos atrapados en un problema sin encontrar soluciones, cuando hubiera bastado con mirarlo desde otra perspectiva. El diálogo es una parte integral de la experiencia del Camino y, al alternarlo con momentos de soledad, me permite completar el viaje interior que sentía que necesitabas y que me ha impulsado a emprender esta aventura. 

Y dejo fluir los pensamientos. Son pensamientos que van y vienen, sencillos, sin demasiada intensidad, ni persistencia. Los dejo ir, no permito que me alteren el camino iniciado en Roncesvalles y hasta León, casi 600 Kms, en esta primera temporada. Me concentro en el paisaje, dejo mi memoria, en paz. Tengo el corazón tranquilo. Y continúo. 

Este es un camino de crecimiento, como un niño que es acompañado por brazos amorosos hacia un destino que lo hará convertirse en adulto. Y es lo que estoy haciendo estos días pensando en #Futuro, el partido político que he fundado y con el que me he comprometido en lanzar para conseguir una sociedad y una España mejor, en paz y de prosperidad. Meditar, reflexionar, madurar. Inimitable es el ambiente de altruismo y convivencia pacífica, las sonrisas, las lágrimas, la tenacidad, y la realización de lo bueno de la humanidad.

Y entre toda esa humanidad, me he sentido acompañado por amigos de toda la vida. Algunos, integrantes deFuturo, como Pedro Sanz, otros amigos de varias décadas, como Alfredo Martínez. Me había comprometido a hacerlo con amigos del alma, de esos que te esperan si tienes dificultades; de los que les duelen mis caídas. 

Ha sido una travesía difícil para alguien como yo que no practica el ciclismo de montaña profesionalmente y, sin embargo, disfruta de la bicicleta. Más de 70 kilómetros diarios comenzando en Navarra y con paradas en Logroño, Puente de la Reina, Santo Domingo de la Calzada, Burgos…

Este es un país increíblemente bello. Cuánto sirve aprender a respirar, a pararse, a acelerar, a disfrutar del camino. Es una lección también válida para el proyecto de #Futuro. Todos los nuevos caminos son un reto. Lo peor fueron las bajadas. Algunas son tan pindias y escabrosas, que me ha tocó bajar y cargar con la bicicletao empujarla cuesta arriba por terrenos imposibles de pedalear. Pesa. Comparto con vosotros también este camino interior, para cargarme de energía, para seguir adelante. Para construir es clave este impulso. 

En mitad de tantas dificultades, encontré este respiro interior, pedaleando sin parar, me pregunté de dónde vengo y adónde voy. Es la pregunta eterna, la de siempre. Todos los caminos cuestan, pero acompañado, resulta más ameno, llevadero, inolvidable. Estoy hecho para compartir, para disfrutar en compañía. 

Una de las lecciones que estoy aprendí en el Camino de Santiago es la de contentarse con lo que se tiene: rápidamente te das cuenta de que todo lo que necesitas está contenido en una mochila y que muchos de los adornos de la vida cotidiana son superfluos. Tantas cargas que uno lleva en el corazón, tantos objetos, rituales y tradiciones que uno considera fundamentales, serán de repente inútiles y podrán dejarse de lado.

Otras de las cosas que voy aprendiendo es que pedalear te desconecta de las cosas superficiales, te enseña el desprendimiento. Solo tienes una bicicleta de la que preocuparte, esa es la verdadera libertad. Estás en el aquí y ahora. Y luego con los otros peregrinos se llega rápidamente a lo básico.  Las conversaciones son intensas, independientemente de la religión, el estatus social o la nacionalidad.  Vas más allá de las apariencias, todos nos volvemos iguales en el Camino de Santiago.

Y tengo la certeza de que el viaje no terminará una vez que llegue a mi destino final en la ciudad del Santo: el Camino es solamente el comienzo de mi viaje y una nueva etapa comenzará cuando regrese a casa.

Os seguiré contando…

Soy de un pueblo de la España olvidada (la mal llamada “vaciada”) que llenaremos de Futuro

El origen. Sí. Ese lugar donde uno encuentra casi todas las respuestas, donde todos somos hijos de alguien con nombre y apellidos. Mi pueblo es Vega de Tera, un pequeño municipio de la provincia de Zamoradonde, entre los cuatro pueblos que integran el Ayuntamiento, hoy viven poco más de 200 personas, de esos pueblos olvidados que se han empeñado en mal llamar “la España vaciada”.  Deseosos de crecer, abundantes de agua, de río, de encinas, de vecinos ausentes. 

Regreso a Vega de Tera a menudo. Siempre que puedo me escapo para recordarme que hay lugares en los que todo parece sencillo: Me encuentro con los mismos árboles, con la misma encina, el mismo roble, la misma huerta, el manzano que se resiste a dar frutos y las palabras de mi madre resonando en cada palmo del suelo. Siempre son las mismas. Sentir que los árboles permanecen en el mismo lugar, me tranquiliza. Qué distinta es la ciudad, tan deprisa, tan cambiante…, ni mejor ni peor, diferente.

Cuando voy a mi pueblo, conozco cada palmo del suelo que piso. Sé quién vivió en la casa de la derecha, en la de la izquierda junto a la carretera, en la de arriba y en la de abajo. Muchas están hoy abandonadas, los hijos marcharon en busca de oportunidades y no volvieron, otros desearían volver pero aún no se atreven. Me gustaría que Vega de Tera y muchos otros pueblos de la España más rural fueran una ilusión, un lugar de oportunidades y de empleo para jóvenes y mayores. 

Esta es una de las prioridades de Futuro, el nuevo partido político inclusivo y diverso que me he propuesto impulsar: devolver la ilusión a los pueblos; volver a casa; llenar los vacíos; entender que las oportunidades también están dentro, no siempre fuera del lugar de la infancia. Tenemos unos pueblos con enorme potencial de crecimiento. Nuestros mayores nos esperan, están deseando recibirnos, saludarnos, contribuir a impulsar la riqueza, aportar a sus nietos. ¿Cómo hacerlo? Solo necesitan los medios y que se les creen las condiciones adecuadas.

Soy de un pueblo y siento que por muchos años que hayan pasado y muchas ciudades vividas, sigo siendo del mismo lugar. Haber nacido en Vega de Tera me anima a seguir en este proyecto político que emprendo por vez primera en mi vida. ¿Cómo lograr llevar vida y oportunidades a tantas casas de tantos pueblos vacíos de España? ¿cómo hacer que los mayores sean motor de crecimiento y prosperidad para sus hijos y nietos?  Me gustaría que mi pueblo se llenara- no solo en las fiestas de verano- todos los meses del año. En Futuro trabajamos ya un amplio grupo de profesionales voluntarios para que esta España tan profunda, tan despoblada, tan real y tan olvidada, se convierta en la alegría del país, en fuente de empleo y de comunicación intergeneracional, en casas grandes llenas de flores y alegría. Lo conseguiremos, estamos trabajando en ello. Si quieres contribuir a esta misión, SÚMATE a FUTURO, puedes hacerlo aquí: 

HAZ CLICK AQUÍ. 

Te espero. Juntos lo conseguiremos. Queremos y sabemos cómo hacerlo. ¡Gracias!

Encuentro con el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi

Antonio Garamendi (a la izquierda), presidente de la CEOE, acompañado de Javier Benavente

Dentro del marco de la Caravana Nacional de Futuro, el pasado jueves día 28 de abril fui recibido por un gran amigo de hace muchos años: Antonio Garamendi, presidente de la CEOE. Pero esta vez no iba solo como amigo, iba en visita institucional, quería presentar el nuevo partido político Futuro. 

Me recibió con mucha amabilidad y cordialidad, pudiéndole explicar con toda confianza lo que llevo pensando desde hace tiempo. La realidad es que, si uno quiere cambiar las cosas, tiene que reflexionarlo bien, y, siendo realista, el lugar más indicado para ello es el Congreso, y de ahí, junto con otras personas con parecidas inquietudes, surgió la creación de Futuro.

Después de escucharme detenidamente, me ha deseado mucha suerte en esta nueva etapa de mi vida, cosa que le agradecí mucho.

Y a partir de aquí comienzo mi andadura por toda España, que me llevará a las diferentes provincias entrevistándome con las personas y presentando la propuesta alternativa de Futuro. 

Una nueva propuesta que promueve el entendimiento entre las personas, incluyendo, nunca excluyendo, porque el Futuro se construye en una unidad inclusiva. 

Le explico detalladamente lo que me inquieta sobre la sociedad y sobre el trabajoSobre las pequeñas y grandes empresas. Sobre los trabajadores y su dignidad como personas y la importancia que tienen las empresas para dignificar y para producir cambios importantes en el tejido social. Él escucha atentamente y muestra interés por todo lo que voy diciendo y, al final, me dice: «Suerte».

La suerte que me deseó Antonio, sabiendo que venía de lo más profundo de su corazón, me animó, ya que me hizo unas sugerencias que creo que fueron muy acertadas en esta mi nueva andadura. 

Pondero todo lo dicho en el encuentro institucional y valoró muy positivamente sus consejos. Ha sido como un impulso para empezar el arduo trabajo que me conducirá por las distintas instituciones que visitaré a lo largo de nuestro país. 

Me vuelvo para casa y reflexiono en todo lo que hemos hablado y me viene a la cabeza una preocupación y quizá el motivo principal de mi opción:

¿La política actual es una política sin ciudadanos? Esto me lo pregunto por el hecho de que la brecha entre la política y los ciudadanos ha crecido en dos direcciones en los últimos años. Si, por un lado, cada vez más ciudadanos se han alejado de la política, por otro, es la propia política la que se ha retirado y se ha sustraído a la mirada y al «agarre» de la gente corriente.

Una vez más, un clásico del pensamiento político, Alexis de Tocqueville, puede ayudar a ilustrar este doble movimiento. Al reflexionar sobre el vaciamiento de las instituciones democráticas locales durante el siglo XVIII en Francia, lo expresó así:

El pueblo, que no se deja engañar tan fácilmente como cree por las vacías apariencias de la libertad, se abstiene entonces en todas partes de interesarse por los asuntos de la comuna y vive dentro de sus muros como un extranjero. En vano los magistrados intentan de vez en cuando despertar en él aquel patriotismo municipal que hacía maravillas en la Edad Media; el pueblo permanece sordo, los intereses mayores de la ciudad no parecen moverlo. Les gustaría que acudiera a las urnas, donde se ha creído necesario preservar la vana imagen de unas elecciones libres; pero el pueblo persiste en abstenerse.

Hoy en día, la situación no parece tan diferente: la reducción -si no el vaciado- de los espacios de debate y toma de decisiones democráticos se ve contrarrestada por los intentos esporádicos de una élite cada vez más desacreditada de recuperar los corazones, las mentes (y los votos) de los ciudadanos. Los partidos que durante años no han celebrado un congreso digno de ese nombre (con una verdadera discusión sobre la línea política, en la que participen los afiliados o sus delegados), celebran «primarias» con una conclusión prevista, ante la que los votantes reaccionan con cansancio. 

Las instituciones locales, cada vez menos representativas compiten por inventar nuevas formas de participación ciudadana: desde los referéndums hasta los experimentos de «democracia deliberativa», pasando por las plataformas en línea. Se han topado con un sentimiento generalizado de escepticismo y desilusión. Si a esto le sumamos los continuos episodios de corrupción y mal gobierno que involucran a la clase política, no es de extrañar que a la desilusión se sume el boicot consciente de los indignados. El impresionante 28 % de abstención en las elecciones presidenciales de este año en Francia, o el 30,13 %, en las últimas elecciones españolas, dice algo al respecto…

Por eso creo que es importante explicar la importancia de las personas en Futuro, y es nuestro propósito, y de ahí esa necesidad de explicársela a este buen amigo.

Gracias, Antonio Garamendi, por aportar opinión y sugerencias a Futuro Tú. Trabajamos para construir un país de oportunidades y de empleo donde todos los españoles quepan.

Día de Europa: Día de Futuro

El 9 de mayo es un día muy especial para Europa. La Unión Europea ha sido un proyecto de paz en el corazón de Europa durante más de 70 años: la paz y la unidad son valores fundamentales que han adquirido una nueva centralidad en Europa con sorprendente rapidez en tiempos de crisis. Y esto se manifiesta de una manera especial y concreta en estos momentos en que la guerra de Ucrania está causando estragos en nuestras puertas.

El 9 de mayo es el aniversario de la histórica declaración de Schuman. En un discurso pronunciado en París en 1950, el entonces Ministro de Asuntos Exteriores francés Robert Schuman expuso su idea de una nueva forma de cooperación política para Europa.

Su ambición era crear una institución europea que agrupara y gestionara la producción de carbón y acero. Un año más tarde se firmó un tratado por el que se creaba dicha institución. La propuesta de Schuman se considera el certificado de nacimiento de la Unión Europea.

Pasados los años, la celebración del Día de Europa ha reforzado la conciencia de que, ante los retos comunes, se necesitan respuestas compartidas que vuelvan a poner en el centro el principio de solidaridad, un principio sobre el que se fundó Europa, pero que en los últimos años ha sido pisoteado con demasiada frecuencia por los egoísmos nacionales, especialmente en el seno del Consejo Europeo. La UE de Next Generation, en particular, representa un punto de inflexión realmente positivo: es un proyecto que mira al futuro, orientado hacia algunas prioridades estratégicas clave como la transición ecológica, la transformación digital y la cohesión social, en línea con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Y en el partido Futuro participamos de esa sensibilidad europeísta para el desarrollo sostenible y una sociedad integradora en la que todos sumamos.

La UE ha realizado una operación política y cultural fundamental porque ha entrelazado -en un horizonte coherente y universal- la lucha contra la desigualdad con la sostenibilidad ambiental y la transición ecológica. Lo que estamos presenciando hoy es, sin duda, un paso muy significativo, que ha acelerado el debate sobre los recursos propios de la Unión. Sin embargo, la cuestión que sigue abierta y que los gobiernos siguen debatiendo es: ¿se está haciendo realmente la Unión? En parte, parece que sí, se está avanzando hacia una mayor integración en algunas cuestiones clave. Es el caso de la sanidad -que solo con la pandemia se ha convertido en un tema acuciante en el debate europeo-, así como de la investigación sobre vacunas y los seguros de los corredores verdes. También la Guerra de Ucrania, además de los nacionalismos trasnochados y el aumento de las teorías tanto de extrema derecha como de extrema izquierda, han despertado la necesidad de esa Unión ya no teórica sino práctica. 

En las primeras semanas de la emergencia por la COVID, asistimos a una página muy oscura a nivel europeo: se volvió a una lógica centrada en las fronteras, hasta el punto de que los equipos de protección personal permanecieron inmóviles en las distintas fronteras o incluso fueron requisados. Tras esta fase inicial, la Comisión ha podido desempeñar un papel de coordinación muy importante: se trata de un punto de inflexión para la Unión y de nosotros depende que sea un punto de inflexión positivo a largo plazo, aunque estos primeros elementos apuntan en la dirección correcta.

Otro punto clave es la relación entre la Unión y los gobiernos locales y regionales. No cabe duda de que debe ser una relación cada vez más estrecha; la Unión es fuerte en su diálogo con los territorios que la componen. Como autoridad de gestión de los fondos europeos, el papel de las regiones es fundamental tanto en la fase de diseño y programación como en el uso concreto de los recursos de los fondos estructurales. 

Se trata, por supuesto, de un proceso estratégico de doble sentido, de un diálogo constante que debe construirse entre la Comisión y los territorios: por un lado, la UE debe dotarse de las herramientas adecuadas para escuchar más de cerca las voces de quienes se ven directamente afectados por las opciones normativas que se toman a nivel de la UE; por otro lado, los territorios deben hacer todo lo posible por aprovechar las oportunidades de participación europea, construyendo una relación directa con sus ciudadanos. 

La interseccionalidad es crucial porque nos enseña que los diferentes niveles de discriminación no se anulan entre sí, sino que se suman. Pensemos en la situación de las mujeres refugiadas, a las que el Parlamento Europeo ha dedicado una resolución especial: hay al menos tres niveles de discriminación que corren el riesgo de entrelazarse, el económico, el racial y el de género. Los diferentes niveles de discriminación son a menudo el resultado de la misma matriz opresiva. Este es un paso fundamental. 

Las nuevas generaciones están desarrollando una sensibilidad capaz de avanzar en esta dirección. Ante tales coincidencias, nos podemos preguntar por qué la política llega tan tarde, por qué sigue intentando dividir lo que en la sociedad, cada vez más, marcha unido. No se puede preguntar a esas personas si se sienten más cerca de Greta Thunberg o de Carola Rackete. Poco después de la toma de posesión de Trump, en la Marcha de las Mujeres de Londres las feministas marcharon de la mano de los movimientos ecologistas, de los movimientos de segunda generación que luchan por la plena igualdad de derechos, de los movimientos LGBT+: todo ello, en conjunto, nos puede servir para escribir una página mejor.

Si los ciudadanos no encuentran una conexión con la política y la representación en un proceso bidireccional que implique tanto el nivel local como la dimensión europea, las cosas no cambiarán realmente. Por un lado, la gente de la calle necesita encontrar un diálogo con la política; por otro lado, la representación debe ser capaz de escuchar aquellas demandas que corren el riesgo de quedarse fuera de los lugares donde se toman las decisiones. Si esto no ocurre, la política se vuelve cada vez más autorreferencial. Precisamente en el momento en que más necesita de la humildad, del cuestionamiento y de la escucha, para que la representación sea un proceso plenamente compartido. Y es lo que desde el partido Futuro queremos proponer, que exista ese diálogo de todas las personas con la política y sean esas personas las que hagan la política, sin ningún tipo de discriminación. En el partido Futuro todos sumamos.