Fomentar la conciliación y la corresponsabilidad: lecciones aprendidas durante el confinamiento

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Andrea y Carlos han pasado todo el confinamiento teletrabajando. Y cuidando de sus dos hijas de 5 y 9 años. Y haciendo de profesores y tutores. Y de técnicos de telecomunicaciones. Y de monitores de fitness. Y de, y de, y de… Si les preguntamos, van a tener mucho que contarnos sobre conciliación.

Es cierto que ambos se consideran afortunados por haber podido seguir trabajando desde la seguridad de su hogar. Han podido mantener sus empleos e ingresos, y son conscientes de que muchas personas lo han tenido, y lo van a seguir teniendo, muy difícil. Pero también saben que así no pueden seguir, que el esfuerzo extraordinario y los malabarismos les están pasando factura. Que el sprint de estos meses no se puede convertir en maratón, porque no hay cuerpo ni mente que lo aguante.

¿El teletrabajo era esto?

Ninguno de los dos había teletrabajado antes, y de hecho en la pyme donde trabaja Andrea ni siquiera era una opción para ningún empleado. En la empresa de Carlos sí había habido ya alguna experiencia, con empleados de perfiles técnicos que trabajaban desde casa un día a la semana. Pero ni Carlos ni ninguno de sus compañeros del departamento financiero se lo habían llegado a plantear aún.

Ahora, Andrea y Carlos llevan meses teletrabajando (o, más bien, trabajando en remoto), y todo apunta a que van a seguir haciéndolo, al menos parcialmente. Las niñas están ya de vacaciones, así que al menos por el momento han podido colgar el sombrero de profesores (salvo cuando toca ponerse con los deberes para el verano). Pero saben que llegará septiembre, y con él un nuevo curso que aún nadie sabe cómo ni dónde se desarrollará. Entonces volverá la locura de no tener suficientes horas en el día para llegar a todo. Los dos tiemblan solo de pensarlo.

Los malabarismos no son conciliación

El confinamiento ha puesto de relieve la dificultad actual de muchas familias para conciliar la vida profesional con el cuidado de sus hijos. En estos meses ha quedado más claro que nunca que sin abuelos ni colegios con listas interminables de actividades extraescolares o desayunos para madrugadores, la conciliación de la vida personal y laboral sigue siendo un objetivo más que una realidad. Se ha visibilizado más allá de cualquier duda razonable la importancia de los cuidados, y cómo estos requieren un tiempo y dedicación. No son algo que pueda obviarse ni realizarse “en los huecos que deje el trabajo”, por mucho que se esté trabajando en el hogar o con una jornada laboral flexible.

La encuesta realizada por Fundación Alares durante el confinamiento ha puesto de relieve que la situación familiar ha influido notablemente en la experiencia del teletrabajo. Un 44,07% de las personas con menores en edad escolar a su cargo indican que a veces su situación familiar les ha impedido dedicar tiempo al teletrabajo, mientras que aquellas que no los tienen solo contestan afirmativamente en un 13,87% de los casos. Sin embargo, el 65,90% de las personas que han teletrabajado durante el confinamiento no han recibido ningún apoyo de sus empresas en este sentido. Esto representa una gran oportunidad para el cuidado del público interno más importante de las empresas, ya que la inmensa mayoría (más del 85%) de las personas que han contado con este apoyo lo han encontrado de gran ayuda.

Nuevas necesidades y lecciones aprendidas

La nueva normalidad va a exigir un compromiso aún mayor por parte de las empresas para facilitar la conciliación y la corresponsabilidad entre sus plantillas. El potencial del teletrabajo para facilitar la conciliación y la corresponsabilidad es notable, pero no se puede descuidar su ejecución ni convertirlo en la única medida en este sentido. Las plantillas (las personas) requieren atención y cuidados para dar lo mejor de sí, para seguir formando y sintiéndose parte importante de un proyecto empresarial. Estos nuevos tiempos traen consigo nuevas necesidades, que las empresas harán bien en escuchar y atender. Aprendamos las lecciones del confinamiento para una nueva normalidad en la que la conciliación y la corresponsabilidad sean, finalmente, objetivos cumplidos.

Desde Alares trabajamos para ayudar a las empresas a atraer y fidelizar emocionalmente a sus empleados y clientes.

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