Reflexiones tras la XIV edición Premios Alares 2020: retos y oportunidades para superar la crisis juntos

Premios Alares

El pasado jueves 25 de junio celebramos, vía streaming, la Gala de entrega de los XIV Premios Nacionales a la Conciliación de la Vida Personal, Familiar y laboral y a la Responsabilidad Social, y los XIX Premios Nacionales a la Excelencia en la Inclusión Laboral y la Prevención de Riesgos Laborales de las Personas con Discapacidad.

Quiero expresar mi agradecimiento más sincero como presidente de Fundación Alares a todos los profesionales, empresas e instituciones que enviaron sus candidaturas para esta edición, tan especial por el momento que nos está tocando vivir. Su decidida apuesta por las buenas prácticas nos ha servido un año más de inspiración y nos motiva a continuar nuestro compromiso social. Aquí os dejo un enlace al listado completo de nominados y premiados en las distintas categorías de los Premios Alares.

Quiero agradecer también a Anthony Blake, el presentador de la Gala de entrega de los Premios Alares, y a las más de 500 personas que hicieron que la distancia que nos separaba fuera meramente física. Donde realmente importa nos sentimos en la mejor de las compañías. Me gustaría compartir con vosotros algunas reflexiones sobre el contexto en el que hemos celebrado esta edición, y la responsabilidad de las empresas en la mejora de la sociedad.

Cuidar los unos de los otros para salir adelante

Los últimos meses han estado cargados de emociones. Hemos vivido con ansiedad y preocupación constantes por el bienestar de nuestros seres queridos. Nos hemos sentido vulnerables, aliviados, frustrados, atrapados, solidarios, inspirados. Nos ha desbordado la admiración hacia todos aquellos que, recogiendo el guante del virus, se han dejado la piel y en muchos casos la salud para protegernos y cuidarnos a todos. Cada día hemos aplaudido desde nuestros balcones en agradecimiento a sanitarios y trabajadores esenciales, deseando que pudieran desarrollar su trabajo en condiciones menos heroicas y más seguras. Hoy, seguimos esforzándonos solidariamente para que la tragedia vivida no se repita. Sabemos que cuidar los unos de los otros es la única manera de salir adelante.

La crisis sanitaria ha sacado lo mejor de muchas personas, que con creatividad, generosidad y empatía han hallado mil maneras de ejercer un impacto positivo en la sociedad. Numerosas iniciativas individuales nos han emocionado e inspirado, como la de las personas que han trabajado incansables cosiendo mascarillas para quienes más las necesitaban, o los jóvenes que, durante lo peor de la pandemia, se han ofrecido espontáneamente a hacer la compra de sus vecinos mayores.

Y junto a los individuos, un gran número de empresas, grandes y pequeñas, han sabido también estar a la altura. Fábricas cambiando su producción de la noche a la mañana para suministrar materiales sanitarios cuando estos escaseaban peligrosamente. Estaciones de servicio asegurándose de que los transportistas tuvieran lo que necesitaban para hacer su trabajo algo menos duro, aunque sus cafeterías estuvieran cerradas. Y compañías de todos los sectores poniendo en marcha diversas iniciativas solidarias para cuidar de los más vulnerables.

En este sentido, no quiero dejar de agradecer de corazón a los voluntarios que han donado su tiempo al proyecto Ilumina una vidapuesto en marcha por la Fundación Alares. Gracias a su generosidad, durante estos meses hemos podido acompañar y prestar apoyo emocional mediante atención telefónica gratuita a más de 10 000 personas en toda España. Y gracias también a todas las personas que están contribuyendo a este proyecto con la compra de mi libro Quédate conmigo. 20 claves para enamorar a tus clientes… ¡y que se queden contigo!, cuyos derechos de autor son donados íntegramente a Ilumina una vida.

La crisis sanitaria, por tanto, nos ha planteado grandes retos, y con ellos se presentan también nuevas oportunidades para ejercer un impacto positivo en la sociedad.

El desafío del teletrabajo y la conciliación

Uno de los desafíos que muchas empresas hemos tenido que afrontar para poder seguir adelante ha sido la adopción masiva del teletrabajo, en un tiempo récord y en mitad de unas circunstancias ya de por sí difíciles. Todos hemos hecho, y seguimos haciendo, un esfuerzo extra para adaptarnos a esta nueva realidad laboral, que ha llegado para quedarse.

La primera responsabilidad de una empresa es la que tiene hacia sus empleados. En momentos como este se traza una línea, visible e indeleble, entre quien se limita a cumplir la ley, si es que llega a cumplirla, y quien se preocupa sinceramente por las personas. El teletrabajo bien gestionado presenta innegables ventajas, pero puede convertirse en un arma de doble filo si no se adoptan las medidas necesarias para evitarlo. La conciliación de la vida familiar y laboral cobra más relevancia que nunca en esta nueva realidad, y el compromiso que una empresa adopte para garantizarla será un criterio más importante incluso de lo que ya lo era para atraer y retener talento.

Por otro lado, esa misma responsabilidad que se ejerce con los públicos internos puede y debe extenderse a los externos, aportando una ventaja competitiva real. En estos meses muchas empresas han tomado conciencia de esta realidad y han obrado en consecuencia, poniendo a disposición de sus clientes servicios de asistencia personal que han mejorado su calidad de vida cuando más lo necesitaban. Quienes han recibido este apoyo, quienes han sentido que les cuidaban cuando más lo necesitaban, no lo olvidarán con facilidad.

Así, estamos comprobando una vez más que atraer y fidelizar talento y clientes pasa necesariamente por ser excelentes en el cuidado a las personas.

La diversidad en las empresas no es opcional

Por otro lado, las empresas han de asumir su responsabilidad también a la hora de integrar la diversidad de personas en sus organizaciones. Me refiero aquí no solo a la diversidad de género, sino también a las de raza, cultura, edad o, de manera especialmente relevante, a la diversidad de capacidades. Las organizaciones capaces de impulsar esta diversidad cuentan con una clara ventaja competitiva ya que su entendimiento de la sociedad en la que desarrollan su actividad es mucho más amplio y completo.

Las nuevas circunstancias laborales suponen al mismo tiempo nuevos retos y nuevas oportunidades para la inclusión de personas con capacidades diferentes en las plantillas de las empresas. La digitalización, por ejemplo, no puede convertirse en una nueva barrera para el desempeño laboral, y es clave que las empresas implementen las medidas necesarias para garantizar la accesibilidad y el bienestar de todos sus empleados.

Y, por supuesto, aunque existen razones de sobra para que la inclusión laboral de personas con capacidades diversas sea voluntaria, tampoco debemos olvidar la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social. Esta ley establece para las empresas públicas y privadas con más de 50 trabajadores la obligación de contratar a un número de trabajadores con discapacidad no inferior al 2%. Para las empresas que por motivos justificados no puedan alcanzar este porcentaje existen medidas alternativas, como la contratación de servicios a un Centro Especial de Empleo en el que al menos un 70% de la plantilla debe estar integrada por personas con discapacidad. En el caso de Alares Social este porcentaje asciende al 90%.

Somos conscientes, pues, de que la diversidad en las empresas no es opcional. Moral e incluso económicamente, es vital fomentarla, sin dejar a nadie atrás.

Mejorar el mundo o desaparecer

En la responsabilidad empresarial podemos pronunciar sin miedo a equivocarnos esa frase tan repetida: “Si no eres parte de la solución, eres parte del problema”. Las empresas que no trabajen para mejorar la sociedad de la que forman parte, a través de acciones concretas con impacto positivo, tienen una esperanza de vida escasa. Sin una sociedad potente no pueden desarrollarse empresas potentes, y sin empresas prósperas la sociedad difícilmente podrá prosperar. Quiero felicitar y agradecer a todos los profesionales, empresas e instituciones que nos acompañaron en la Gala de entrega de los Premios Alares por su compromiso con ser una valiosa parte de la solución.

Y, por supuesto, sabemos que los consumidores son cada vez más maduros y sensibles al compromiso de las empresas con la sociedad. Una estrategia basada en la convicción y en el deseo real de mejorar la sociedad a través de acciones concretas será cada vez más necesaria para permanecer en su top of mind. Debemos seguir trabajando con tesón en la construcción de una sociedad que disfrute del máximo bienestar posible, o desaparecer.

Como empresas, por tanto, es nuestra obligación mejorar la sociedad de la que formamos parte. Una empresa no puede prosperar en una sociedad que no sea también próspera, y viceversa.

Las empresas, en especial pymes y autónomos, que representan más del 85% del empleo, han de aceptar su responsabilidad en la superación de la crisis. Han de hacerlo generando empleo, garantizando la diversidad, y cuidando de las personas, que siempre han sido, y siguen siendo, lo más importante. Las circunstancias vividas a raíz de la crisis sanitaria han generado oportunidades clave para ejercer la responsabilidad empresarial. Es más necesaria que nunca y continuará trayendo consigo ventajas competitivas, innegables y tangibles. Es el momento de trabajar unidos para superar la crisis y salir de ella siendo, ante todo, mejores personas.

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