Tres posturas empresariales ante la innovación: resistencia, imitación o vanguardia

¿Cómo prefieres que sea tu empresa? ¿La que apuesta por la seguridad y procura extender todo lo posible la vida útil de sus tecnologías y enfoques comerciales? ¿La que vigila sin cesar a la competencia, a fin de incorporar las iniciativas ajenas que le encajen? ¿O la que se arriesga a experimentar y formar parte de la vanguardia? ¿Y si la postura óptima ante la innovación fuese una mezcla de las tres?

1. Resistirse a la innovación o preservar las esencias

Lo nuevo produce desconfianza, eso es tan viejo como el ser humano. En una organización madura, sus integrantes han conseguido dominar la técnica, a todos los niveles, que les permite funcionar, dejar satisfechos a los clientes y generar beneficios, lo cual es un logro digno de respetarse. Las empresas consolidadas no pueden jugarse lo que tienen de manera arbitraria: suelen padecer una cierta resistencia a los cambios y cualquier modificación será examinada con lupa antes de adoptarla. Esta reserva es comprensible y cuenta con sus beneficios, aplicada en su justa medida.

Con todo, en determinados negocios, la insistencia en seguir anclados en las recetas conocidas alcanza niveles tóxicos y juega en contra de la viabilidad empresarial. Uno de los casos más conocidos le sucedió a Kodak, la marca líder en fotografía analógica, que inventó la cámara digital, pero renegó de su creación, hundiéndose cuando llegó el éxito masivo de esta tecnología.

¿Qué hacer, entonces? En primer lugar, conocer bien a nuestra empresa y sus pilares fundamentales. Solo desde un conocimiento profundo de lo que mantiene en pie e impulsa el negocio, sabremos qué aspectos deben salvaguardarse y protegerse a toda costa.

Pero, ¿y si un análisis racional aconseja sustituir alguno de esos pilares? Pues tendremos que hacerlo, antes de que sea tarde, para sobrevivir en el mercado. Y ser conscientes de que nuestro negocio, a partir de ahora, es algo distinto a lo que conocíamos. Esto es algo sobre lo que deberemos reflexionar, para identificar sus nuevas fortalezas y debilidades.  

2. Imitar a los demás o permanecer vigilantes

¿Os habéis fijado en que cuando triunfa un tipo de restaurante surgen por los alrededores competidores parecidos? Si son buenos profesionales, lo suyo es que la ganancia sea generalizada, al atraer a más clientes, beneficiarse unos de otros y acabar formando una zona de ocio.

La competencia es un factor muy importante en la economía y es obligación del empresario monitorear con frecuencia a sus competidores. Las ideas no se pueden registrar, por eso cada persona o entidad tiene derecho a intentar reproducir el modelo de negocio que le interese: el diablo está en los detalles. Un ejemplo de imitación llevada a buen término lo hallamos en la cadena de supermercados turca File, con casi cien establecimientos en su país y un éxito considerable. File parece un gemelo, incluso en estrategia y colores, de la española Mercadona. Y le va bien, desde luego, dentro de un mercado distinto.

Lo que ocurre con la innovación es muy similar a lo que hace File con Mercadona. Cuando una empresa apuesta por algo novedoso que es aceptado por el público o por su sistema productivo, la competencia procede a imitarla. ¿Y qué conviene que hagamos nosotros? Pues mantenernos vigilantes, aprender de las experiencias de nuestros competidores, incorporar lo que valga la pena y evitar meternos en camisa de once varas.

Cada empresa posee una identidad corporativa y hay que esforzarse por ahondar en su carácter. Cuidado con imitar lo que no toca, por meternos en el negocio o en la novedad técnica de moda, porque igual no cabe más gente o no es lo que sabe hacer mejor nuestra empresa. Conocernos a nosotros mismos, como quería Sócrates, constituye la mejor receta para valorar los caminos factibles. Y recordemos que el océano azul siempre será un hábitat más benévolo que el rojo.

3. Moderno de vocación o innovador con cabeza

Estar en la cresta de la ola, en la vanguardia tecnológica, es un sueño para muchos empresarios y la característica sobresaliente de empresas como Apple o magnates como Elon Musk. ¿Qué será de Apple si alguna vez deja de sorprender con sus lanzamientos, con sus dispositivos increíbles que antes no imaginábamos? ¿Terminará ninguneada por las marcas asiáticas, que ya se comen la parte principal del pastel?

Ser el número uno en la innovación se encuentra solo al alcance de auténticos genios, pero sin elevarse a alturas estratosféricas, innovar conlleva riesgos que no conviene despreciar. Numerosas empresas se han declarado en quiebra a raíz de innovaciones equivocadas y por empeñarse en no rectificar a tiempo el error en que estaban cayendo.

¿Hay que mantenerse lejos de la innovación, entonces? ¡Claro que no! Al contrario, debemos innovar, a nuestro nivel, hasta donde nos convenga, pero claro que debemos hacerlo. Innovar no es, por fuerza, crear móviles fantásticos o enviar cohetes a la luna. La innovación comprende cualquier cambio positivo en la forma de entender y hacer las cosas, y de gestionar las relaciones con clientes internos y externos de la empresa.

Innovación por y para las personas

La innovación bien entendida y enfocada en las personas es, a largo plazo, la sangre que da vida a las empresas. Prueba de ello son los resultados obtenidos en el Índice de Innodiversidad, el estudio realizado por Fundación IE y Fundación Diversidad que permite a las compañías comparar su gestión en cuanto a su Diversidad e Innovación, y aprovechar las mejores prácticas desarrolladas por las empresas más avanzadas en cada campo a nivel global. Los resultados del primer estudio se presentaron hace unos meses, y en este momento se están recogiendo datos para la segunda edición. Las empresas interesadas en participar pueden hacerlo cumplimentando aquí un sencillo cuestionario hasta el día 20 de febrero.

Porque al final, lo fundamental es hallar las maneras más eficientes de cuidar y potenciar la pieza clave de cualquier organización: las personas. Y, en este sentido, toda empresa es mejorable, así que nunca dejemos de innovar.

En Alares nos dedicamos desde 1999 al cuidado de las personas y sus familias, a aportarles los mejores servicios personales, cariño y atención, en cualquier rincón de la geografía española o portuguesa  con personal de nuestra propia plantilla, y trabajamos con las empresas para que puedan utilizarlos para atraer y fidelizar emocionalmente a sus clientes y a sus empleados con servicios necesarios, hoy más que nunca, en su vida diaria personal y familiar.

En mi libro autobiográfico ¡Quédate conmigo! 20 claves para enamorar a tus clientes… ¡y que se queden contigo! he querido compartir las experiencias vitales y profesionales de varias décadas que me han ayudado a definir las claves para atraer y fidelizar clientes y empleados con éxito. Hoy todos tenéis la oportunidad para ponerlo en práctica, nunca ha sido mejor momento. Un libro solidario que puedes adquirir en este enlace, e incluso regalar a tus empleados y clientes. Te lo dedicaré personalmente. Y si quieres escuchar el audiolibro narrado por mí mismo, lo tienes gratis en el mismo enlace.

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