Trabajo flexible: retos y ventajas de un nuevo modelo

Si algo nos está enseñando este año 2020 es el valor de la flexibilidad. Cuando allá por marzo nuestras circunstancias cambiaron radicalmente, no nos detuvimos. Encontramos la manera de seguir adelante, y nos adaptamos a gran velocidad para continuar nuestras vidas. Cuando no nos quedó más remedio que encontrar alternativas, tomamos conciencia de que había otras formas de trabajar, con un potencial hasta ahora desaprovechado por la mayoría. En la nueva normalidad (y más allá), el trabajo flexible ya no es simplemente un valor añadido: es un nuevo modelo que ha llegado para quedarse.

¿Qué es el trabajo flexible?

En esencia, el trabajo flexible consiste en poner el foco en el “qué”, en lugar del “dónde” y el “cuándo”. Requiere dejar de pensar en “el trabajo” como un lugar físico a donde nos trasladamos en un horario concreto, y contemplarlo como una actividad que desarrollamos, con unos objetivos claros y de la manera más efectiva posible acorde a nuestras circunstancias.

Puede significar, por ejemplo, trabajar desde casa, pero también trabajar en una oficina con un horario de entrada y salida distinto al habitual. Potencialmente, habrá tantas fórmulas como trabajadores, y todas serán válidas si se cumplen los objetivos marcados. El trabajo flexible es la antítesis del presencialismo, ya que permite dejar de centrarse en la cantidad de horas que se pasan “calentando la silla” y se enfoca en su lugar en los resultados obtenidos.

Superar los retos del trabajo flexible

Cada organización es un mundo, y como tal encontrará distintos desafíos a la hora de integrar el trabajo flexible en su estrategia. Sin embargo, una comunicación efectiva, un estilo de liderazgo adecuado y un cuidado especial de las relaciones ayudarán a cualquier empresa a superar estos retos.

1. Comunicar efectivamente los límites (y respetarlos).

Que una persona trabaje desde casa no quiere decir que esté disponible 24 horas al día, y es vital que todas las partes implicadas entiendan y respeten este hecho. Por otro lado, para que el trabajo flexible funcione dentro de una organización, todos sus integrantes deben tener claras las prioridades y los límites de esta flexibilidad. La manera de trabajar de un miembro del equipo no puede suponer un obstáculo para la labor común.

2. Adaptar el estilo de liderazgo.

Muchos responsables de equipos están acostumbrados a saber siempre cuándo llegan a la oficina, cuándo se marchan, y qué tareas desempeñan en cada momento los trabajadores a su cargo. Otro día podemos extendernos sobre los riesgos del micromanagement, pero en lo que respecta al trabajo flexible, estos líderes deberán trabajar su confianza en la responsabilidad individual. Si no puedes confiar en que las personas desempeñen bien su labor sin supervisión constante, tal vez el problema sea más profundo. En ese caso, tendrás que analizarlo y buscar soluciones al nivel que se requiera.

3. Mantener y facilitar las relaciones.

Que el trabajo deje de estar sujeto a la presencia en un espacio físico durante unas horas determinadas no implica que deba reducirse el contacto entre los miembros de un equipo. Los profesionales somos, ante todo, personas, y cuando nos sentimos parte de algo más grande que nuestra propia individualidad somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos. Este sentimiento de comunidad no depende de un lugar o de un horario, sino de la voluntad de las partes implicadas y de las herramientas a su disposición.

Beneficios mutuos, vínculos fortalecidos

Los beneficios de la implantación del trabajo flexible son múltiples y la importancia relativa de cada uno variará dentro de cada organización. Los principales, no obstante, pueden englobarse en estos tres puntos:

1. Productividad.

La experiencia me ha demostrado que una mayor libertad para trabajar cuándo, dónde y cómo se prefiera se traduce casi siempre en un aumento de la productividad. Por ejemplo, nadie rinde igual llegando a la oficina ya agotado y estresado después de un atasco de hora y media que comenzando a trabajar fresco y descansado.

Además, cuando el profesional siente que se confía en él y se le da libertad para organizar su trabajo, su motivación para obtener los mejores resultados se incrementa.

2. Atracción y retención de talento.

Cada vez más, los profesionales exigen flexibilidad a la hora de desempeñar su trabajo. Las empresas que no se adapten a esta demanda lo tendrán muy difícil para ser competitivas en el mercado. Por otro lado, el trabajo flexible permite a las pequeñas empresas acceder al talento de profesionales de alto nivel que en otras circunstancias estarían fuera de su alcance.

3. Conciliación.

Al ser capaces de adaptar los horarios y/o lugares de trabajo a las circunstancias vitales, se eliminan obstáculos para la conciliación de la vida laboral y familiar. Esto mejora la calidad de vida del trabajador y de sus seres queridos, y transmite claramente el mensaje de que la compañía pone a las personas por delante de los números.

El trabajo flexible es, por tanto, una vía potente y mutuamente beneficiosa de fortalecer el vínculo emocional entre la empresa y sus trabajadores; algo que está, en definitiva, en la base del éxito de cualquier proyecto. Merece la pena aprovechar el impulso de este momento de cambio acelerado y no quedarse al margen de sus ventajas. Y recuerda siempre que cada persona es única y distinta, con sus circunstancias particulares, y lo general no siempre se ajusta a lo particular, por lo que siempre se tratará de una relación persona a persona.

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