Salud organizacional: ¿está tu empresa menos sana de lo que crees?

La salud de una organización es la habilidad de esta para funcionar de manera efectiva, adaptarse a los cambios y renovarse a mayor velocidad que la competencia para producir resultados excelentes a largo plazo. Pero, igual que en muchas ocasiones las personas no somos conscientes de que nuestra salud no es tan buena como pensamos, a veces los líderes de una organización no tienen una visión completamente realista de hasta qué punto esta es o no saludable. Hoy quiero compartir algunas claves que me parecen útiles para pensar sobre la salud organizacional.

Entender la salud de tu organización hoy

El primer paso para mejorar nuestra salud es, por supuesto, conocer en qué estado se encuentra. En ocasiones, nos sentimos bien en nuestro día a día y nada indica que exista ningún problema. Y, sin embargo, los resultados de un chequeo rutinario nos descubren que no todo va tan bien como pensábamos. Algo estaba sucediendo en nuestro cuerpo de lo que no éramos conscientes. Ahora lo sabemos, y podemos actuar para remediarlo.

Esto mismo sucede a menudo con la salud organizacional. En muchas ocasiones, los líderes de una organización no tienen una visión realista sobre su salud. Su percepción tiende a ser excesivamente positiva, desconectada de cómo vive la situación el resto de la compañía. Estos peligrosos puntos ciegos son el primer obstáculo a superar para mejorar la salud de una organización. Para ello, podemos plantearnos una serie de preguntas que nos ayudarán a entender dónde estamos y en qué áreas existe un mayor espacio para la mejora.

Cinco preguntas para comenzar a diagnosticar la salud organizacional

1. ¿Están claros los valores de la organización? Una falta de definición en este punto enturbia y dificulta el funcionamiento de todo el sistema.

2. ¿Son transparentes los objetivos y las prioridades para todos los integrantes de la organización? En caso contrario, es probable que estemos malgastando esfuerzos, avanzando en direcciones que asumimos correctas, pero no lo son.

3. ¿Existe una cultura de colaboración? Si no hemos promovido esta manera de trabajar es posible que estemos manejando compartimentos estancos, con lo que esto conlleva para la productividad.

4. ¿Existen vías y herramientas adecuadas para la comunicación? Este punto es especialmente relevante cuando existen equipos de trabajo remotos, como comentábamos aquí.

5. ¿Es el bienestar de las personas que trabajan en la organización una prioridad? Si es así, ¿son conscientes de ello? Los trabajadores son el primer público de una empresa, y su bienestar ha de ser lo más importante.

Tres claves para mejorar la salud organizacional

Del mismo modo que cada cuerpo humano es diferente y no existe una “receta” universal para mejorar su salud, cada organización presenta sus peculiaridades y su propia idiosincrasia. No existen soluciones únicas, ya que las características de cada organización, el estado en que se encuentre y qué objetivos concretos se marque definirán la estrategia a seguir para mejorar su salud. Sin embargo, puede servir de ayuda considerar tres puntos clave:

1. Valores definidos y compartidos: No son solo palabras bonitas, y no son aspiracionales: no son lo que nos gustaría ser, sino lo que nos hace únicos ahora, lo que nos diferencia de la competencia. Además de estar bien definidos, deben ser una constante en la vida de la organización, y estar presentes desde el primer momento. Incorporar talento que comparte los valores de la organización equivale a sentar las bases de una relación productiva y duradera y una cultura empresarial sólida.

2. Plan claro y conciso: ¿Puedes expresar tu negocio en un documento de una sola página, de manera clara y comprensible para cualquier miembro de tu organización? Si la respuesta es “no”, os será muy complicado trabajar alineados y de manera eficaz, y la salud organizacional se resentirá gravemente. Propósito, valores, objetivos, mercado, estrategia… Destila cada elemento, simplifica, aclara. Es imprescindible lograrlo para que toda la empresa reme en la misma dirección.

3. Las personas en el centro: Las personas y las relaciones que establecemos con ellas, las maneras en que conectamos, nos cuidamos y nutrimos mutuamente, son el elemento fundamental que define cualquier grupo humano. Poner a las personas en el centro de toda su estrategia es el único camino hacia la viabilidad y el éxito a largo plazo de cualquier empresa. Debemos asegurarnos, pues, de contar con los sistemas y recursos necesarios para que las personas que trabajan con nosotros sientan que verdaderamente son nuestra prioridad. Que su bienestar nos importa y que estamos dispuestos a invertir en él con medidas concretas que mejoren su vida y la de los suyos.

Un ecosistema saludable

Así pues, la salud de una organización es un factor clave para su éxito, y no puede gestionarse a base de parches ni de curas milagrosas. Una empresa debe crear, mantener y mejorar constantemente los sistemas necesarios para que su salud no se resienta (el equivalente a mantener una dieta saludable, hábitos de descanso y ejercicio adecuados y una buena higiene, si continuamos con la metáfora). Este ecosistema saludable será el que permita afrontar y adaptarse a los nuevos retos y continuar dando lo mejor de sí en un contexto siempre cambiante. Como siempre, recordar que las personas están en el corazón de cada proyecto y son las que lo hacen latir y prosperar será un requisito indispensable para el éxito.

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