En la desescalada, házselo fácil, pero no a toda costa

Desescalada responsable

Si en algo hemos coincidido muchos durante este confinamiento es en las ganas de hacernos, en cuanto sea posible, un buen corte de pelo. Los más intrépidos se han atrevido incluso a tirar de tijera y tutorial de YouTube, pero siguen echando de menos a su peluquero o peluquera de siempre, y seguramente será una de las primeras personas a las que saluden durante la desescalada.

Esta palabra que hemos añadido con tanto entusiasmo a nuestro vocabulario marca una nueva etapa en esta crisis del COVID-19. Con la desescalada comienza el retorno a la actividad económica no esencial, que hibernaba a la espera de que la evolución de la crisis sanitaria permitiera su vuelta. Así, a partir de este lunes 4 de mayo han podido reabrir (con estrictas medidas de seguridad) los establecimientos y locales comerciales minoristas y de actividades de servicios profesionales con una superficie inferior a 400 metros cuadrados.

Es tan solo un primer paso hacia una reactivación más exhaustiva y, como todos los primeros pasos, es uno que debemos dar con un cuidado excepcional para asegurarnos de que nos lleva en la dirección correcta. Esto es cierto no solo en lo que se refiere a cifras de contagio y saturación del sistema sanitario, sino que será vital para definir la relación que cada negocio establezca con sus diversos públicos, ya sean estos clientes, empleados o proveedores. La naturaleza de esta relación, a la larga, determinará qué negocios se mantienen a flote e incluso crecen durante la crisis y post-crisis del COVID-19.

Es tan solo un primer paso hacia una reactivación más exhaustiva y, como todos los primeros pasos, es uno que debemos dar con un cuidado excepcional para asegurarnos de que nos lleva en la dirección correcta. Esto es cierto no solo en lo que se refiere a cifras de contagio y saturación del sistema sanitario, sino que será vital para definir la relación que cada negocio establezca con sus diversos públicos, ya sean estos clientes, empleados o proveedores. La naturaleza de esta relación, a la larga, determinará qué negocios se mantienen a flote e incluso crecen durante la crisis y post-crisis del COVID-19.

El coste oculto de un corte de pelo

Pensando de nuevo en ese tan deseado corte de pelo, imaginemos dos escenarios que podrían producirse, en una ciudad cualquiera, durante esta nueva etapa. En primer lugar, visualicemos una peluquería que proporciona a su personal material desechable y mascarillas suficientes para garantizar su seguridad y la de sus clientes. Además, ha contratado un servicio de lavandería para la limpieza y desinfección de los uniformes, de manera que nadie tenga que llevarse a casa la ropa usada durante la jornada. Y su local se limpia y desinfecta varias veces al día sin escatimar tiempo ni esfuerzo en la tarea.

Imaginemos ahora un segundo centro, cuya gerencia ha optado por hacer lo mínimo necesario para evitar sanciones, e ignorar las normas que le resulten más gravosas. Las capas y toallas desechables son un gasto extra que no compensa, y en cuanto a las mascarillas, quien quiera usarlas, que se las traiga de su casa, que será también donde cada uno se lave sus uniformes. La limpieza del local se hará lo más rápido posible, porque el teléfono no para de sonar para pedir cita y no sería de recibo no dar hora a un cliente porque en esa franja, en teoría, tocase desinfectar.

El fin no justifica los medios

Ambas peluquerías han comenzado esta etapa de desescalada abriendo sus puertas, y ambas están ofreciendo a sus clientes el servicio que demandan. De momento, todo parece en orden, pero dentro de unos meses es muy probable que solo una de ellas continúe operando, e incluso que su clientela haya aumentado. No es difícil aventurar cuál si tenemos en cuenta un principio básico con el que los consumidores son cada vez más consecuentes: el fin NO justifica los medios.

A todos nos gusta que nos corten el pelo a unas tarifas económicas y sin tener que esperar demasiado para que nos atiendan, pero no a cualquier precio. Si somos conscientes de que ese importe tan razonable y esa atención tan rápida los recibimos a costa no solo de un riesgo para la salud de toda la comunidad, sino de una situación de vulnerabilidad impuesta a quien nos está prestando el servicio, es muy probable que comencemos a buscar una alternativa más justa.

Elecciones responsables

El consumidor de hoy en día no quiere ser cómplice de situaciones injustas, y cada vez se hace más preguntas antes de decidir la compra de un producto o servicio. Aunque aún hay muchas personas que solo se fijan en el precio (o la rapidez en la entrega, o cualquier otra medida de conveniencia), cada vez son más las que cuestionan lo que hay detrás, y obran en consecuencia. Como consumidores responsables, nos conviene estar muy atentos, evaluar los posibles costes ocultos asociados a los productos o servicios que adquirimos, y apoyar a aquellos que apuestan por una gestión ética.

Y, por supuesto, no olvidemos que la información vuela, y no solo entre los clientes de dos peluquerías de barrio. Una mala praxis es negativa en cualquier caso, y censurable desde el punto de vista moral, pero si además trasciende al dominio público puede representar un golpe mortal para la reputación y las ventas. Está en manos de las empresas y profesionales trabajar y comunicar adecuadamente este elemento diferenciador, que en esta nueva etapa de nuestra actividad económica será más importante que nunca.

Desde Alares trabajamos para ayudar a las empresas a atraer y fidelizar emocionalmente a sus empleados y clientes.

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