Retos para la conciliación en una «vuelta al cole» atípica

Parece que fue ayer cuando, después de cuatro meses de clases online y padres y madres al borde del ataque de nervios por sumar a su jornada laboral la tarea de profesores/tutores/supervisores/técnicos… por fin terminaba el curso escolar más extraño de nuestras vidas. El más extraño hasta el momento, claro, porque el que ahora comienza también apunta maneras. Y es que, con las aulas ya abiertas, sigue habiendo interrogantes sin responder. Todos ellos vienen a expresar distintos ángulos de la eterna pregunta: ¿cómo se practica la conciliación?

La incertidumbre de las clases semipresenciales

Lo cierto es que hablamos de la “vuelta al cole” cuando deberíamos decir “vueltas al cole”, porque cada comunidad autónoma la está gestionando a su manera. Como siempre, voy a ceñirme a lo que conozco de primera mano, y ese es el caso de Madrid. En la comunidad de Madrid el comienzo de las clases está siendo escalonado. Pero lo más llamativo es que los alumnos de a partir de 12 años vuelven a las aulas con un régimen semipresencial. Entre un tercio y la mitad del horario lectivo de cada semana lo pasarán en el colegio, y el resto en casa. Así se logra reducir las ratios y mantener la distancia de seguridad dentro de las aulas.

Aquí salta ya la primera alarma para la conciliación. Por muy bien que vayan las cosas, sin contagios ni cuarentenas, los niños y niñas van a pasar la mitad del horario escolar en casa. Y tiene razón la ministra de Sanidad cuando dice que la función de la escuela no es la conciliación. Sin embargo, desafortunadamente, en la realidad en la que nos movemos hoy, sí es un pilar muy importante para la inmensa mayoría de las familias.

¿Conciliación y cuarentena?

Decía antes “por muy bien que vayan las cosas” pero es que, inevitablemente, tarde o temprano va a haber contagios y cuarentenas. Y me consta, por lo que me cuentan varios amigos profesores que lo están viviendo en primera persona, que los centros educativos están haciendo un esfuerzo inmenso por garantizar la seguridad de todos, pero simplemente hay demasiadas variables en juego.

En los próximos meses veremos cómo se desarrolla todo, pero durante la primera semana de curso se habían comunicado más de 50 incidencias. Estas, dependiendo de los casos, se han traducido en cuarentenas de grupos e incluso el cierre de algunos centros. 50 incidencias pueden parecer pocas, pero cuando las multiplicamos por todas las familias afectadas y las ramificaciones en su día a día, el problema adquiere su verdadera dimensión. Y la verdad es que preocupa, y bastante.

Y sin extraescolares… ¿qué pasa con la conciliación?

Durante los últimos años las familias han recurrido cada vez más a las actividades extraescolares como elemento facilitador para la conciliación. Se ha hablado muchas veces de que, si sumamos las horas dedicadas a refuerzos, deportes y otras actividades, los niños terminan teniendo jornadas más largas que las de sus padres. No es una solución ideal ni al alcance de todos (el coste puede llegar a ser elevado, sobre todo para familias con varios hijos en edad escolar), pero ha venido ayudando a muchos padres y madres a compatibilizar extensas jornadas laborales con el cuidado de sus hijos.

Pero este año, en muchos de los centros la oferta de actividades extraescolares se ha reducido o incluso ha desaparecido, al no poder desarrollarse con las medidas de seguridad necesarias. Y eso significa que las “jornadas” de los niños finalizan varias horas antes que las de sus cuidadores. Un varapalo más para la conciliación.

Las lecciones ¿aprendidas? en el confinamiento

Durante el confinamiento pudimos comprobar con dolorosa claridad que la conciliación de la vida familiar y laboral estaba aún lejos de ser real. Que ni en el más benigno de los casos (teletrabajo, jornada laboral flexible) fue fácil compatibilizar los cuidados con el trabajo. Y estamos hablando en esta ocasión de los más pequeños, pero no olvidemos que la conciliación abarca también el cuidado a personas mayores dependientes. Otro día profundizaremos en este tema, a menudo en segundo plano.

En este sentido, tengo muy presentes hoy los datos que conocimos el pasado mes de julio con la encuesta realizada por Fundación Alares durante el confinamiento. Un 44,07% de las personas con menores en edad escolar a su cargo reconocían que en ocasiones habían encontrado dificultades para teletrabajar, y un 66,90% de las personas que habían teletrabajado afirmaron no haber recibido ningún apoyo por parte de sus empresas. De aquellas que sí lo habían recibido, más de un 85% lo encontraron de gran ayuda. Creo que son cifras sobre las que merece la pena pararse a reflexionar.

En este comienzo de curso tan atípico, debemos ser conscientes y asumir nuestra responsabilidad para mejorar, día a día, las vidas de los que nos rodean (empezando por no ponerlas en peligro). Esto incluye, de manera especial, a las empresas, que no pueden olvidar que su primer público, el interno, se enfrenta a momentos complicados e inciertos, y necesita ser escuchado y atendido. La nueva normalidad ha traído consigo nuevos retos y nuevas necesidades, pero también nuevas oportunidades para marcar la diferencia y seguir avanzando de manera eficaz hacia la conciliación y la corresponsabilidad.

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